Experiencias de Bilocación

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Experiencias de Bilocación

Mensaje por omega el Vie Jun 27, 2008 2:35 pm

La Bilocación puede ser definida como la presencia simultánea de una persona en dos lugares diferentes. Numerosos testimonios unidos a la tradición religiosa cristiana cuentan varios sucesos de bilocación atribuidos al Padre Pío. Éstos son algunos testimonios:

La Señora Maria, hija espiritual del Padre Pío, contó que su hermano, una tarde, mientras oraba, se durmió. De repente fuè golpeado con una bofetada sobre la mejilla derecha y él tuvo la sensación de sentir que la mano que lo golpeó fuera cubierta por un medio guante. Pensó enseguida en el Padre Pío y al otro día después de la misa se fue a saludarlo: "¿Es lícito dormirse cuándo se ruega"?, contestó el Padre Pío. Fue el Padre Pío quien lo "despertó".

Un ex oficial del ejército, un día entró a la Sacristía y mirando al Padre Pío le dijo "Es justo él, no se equivoca". se acercó, cayó de rodillas y llorando repitió - Padre gracias por salvarme la vida en el campo de batalla. Sucesivamente el hombre contó a los presentes: "fui un Capitán de infantería y un día, sobre el campo de batalla, en una hora terrible de fuego, algo lejos de mí vi a un fraile, pálido y de ojos expresivos, me dijo: "Sr. Capitán, alèjese de ese sitio" - Inmediatamente corrì y antes de que llegara, al sitio dónde antes me encontraba, estalló una granada enorme que abrió un remolino. Me volví hacia el monje para agradecerle pero ya habìa desaparecido". El Padre Pío en bilocación le salvó la vida.

El Padre Alberto, a quien el Padre Pío conoció en 1917, contó: "Vi hablar al Padre Pío mientras se encontraba de piè cerca de la ventana con la mirada fija sobre la montaña. Me acerqué a èl para besarle la mano pero él no se diò cuenta de mi presencia y tuve la sensación de que su mano estaba entumecida. En aquel entonces lo escuchè que con voz muy clara, en el momento en que diò la absolución a alguien. Después de un instante el padre se sacudió como si se se despertara. Volteàndose hacia mí, me dijo: - ¿Estáis aquí?, no me enteré de ello -. Algún día después llegó de Turín un telegrama de agradecimiento al Padre Superior por haber mandado al Padre Pío a asistir a un moribundo. Del telegrama se pudo intuir que el moribundo estaba muriendo en el momento en que el Padre Pìo en San Giovanni Rotondo, pronunció las palabras de absolución. Obviamente el Superior no enviò al Padre Pío al moribundo, sino que el Padre Pío lo visitò en bilocación.

Una familia americana vino de Filadelfia a San Giovanni Rotondo, en el 1946, para agradecer al Padre Pío. El hijo piloto de un avión de bombardeo, en la II Guerra Mundial, fuè salvado por el Padre Pío en el cielo en el Océano Pacífico. El avión cerca de aterrizar en el aeropuerto, después de haber efectuado un bombardeo, fue golpeado por los cazatorpederos japoneses. "El avión" - contó el hijo, "Se precipitó y estallò apenas que la tripulación pudiera tirarse en paracaídas. Solamente yo, no sé como, logrè salir a tiempo del avión. Traté de abrir el paracaídas pero no se abrió; me habría estrellado, por tanto, al suelo si de repente no hubiera comparecido un fraile con la barba que tomándome entre los brazos me depuso dulcemente delante de la entrada del mando de la base. Imagináis el estupor que provocó mi cuento. Fue increíble pero mi presencia "obligó" a todos a creerme. Reconocí al fraile que me salvó la vida cuando, un día, mandado con permiso, llegué a casa y mi madre me enseñó la fotografía del Padre Pío, el fraile a cuya protección en sus oraciones y lagrimas de madre me habìa encomendado. ¡Que grande e importante es la oraciòn de una madre!

Una señora, mujer de un empresario naval, era huésped de su hija en Bolonia. Tenìa un tumor maligno en un brazo y la señora con la ayuda de su hija decidió hacerse operar. El cirujano aconsejò tener paciencia y esperar, por lo tanto posteriormente fijarìa la fecha para la intervención quirúrgica. En la espera el marido de la hija mandó un telegrama al Padre Pío; suplicando por la salud de su suegra. A la hora en que el telegrama llegó a manos del Padre Pío, la señora, que estuvo sola en el cuarto de estar de la casa de la hija, vio abrir la puerta y entrar a un fraile capuchino. "Soy el Padre Pío de Pietrelcina" le dijo. Después de preguntarle algunas cosas del cirujano, la exhortò a tener confianza en la Virgen, el Padre Pìo le hizo una señal de la cruz en el brazo, por lo tanto, saludándola, salió. La señora llamó a la camarera, la hija y el yerno. Preguntó porque hicieron entrar al Padre Pío sin anunciarlo, pero le contestaron que no lo vieron y que, en todo caso, no abrieron la puerta a nadie. Al día siguiente el cirujano visitó a la señora para prepararla para la operación, pero no encontró ningún tumor. El tumor se desapareciò apenas el Padre Pìo le diò la bendiciòn.

El obispo que el 10 de agosto de 1910, en la catedral de Benevento, fuè preparado para la muerte por el Padre Pío que, en bilocación, fue a hacerle una visita.

Hasta el beato don Orión declaró lo siguiente sobre la bilocación del Padre Pío: "En la Basílica de San Pietro, en la ceremonia de beatificación de Santa Teresa del Niño Jesús, estaba también el Padre Pío, en bilocación. Lo vì venir hacia mí, sonriendo. Fuì a su encuentro, a través de la muchedumbre, pero cuando llegué, él desapareció."

El Padre Pío en bilocación celebró una Misa en la Capilla de un monasterio de monjas en Checoslovaquia, en 1951. Después de la celebración de la Misa las monjas fueron a la Sacristía para ofrecerle al Padre una tacita de café y darle las gracias por la Misa y la inesperada visita, pero en la Sacristía no había nadie. Las monjas pudieron constatar así que; el Padre Pío fuè a efectuar la Santa Misa en bilocación.

El Padre Pío, en bilocación, dìò la Misa al primado de Hungría, en la cárcel, en Budapest, en 1956. Alguien, que conocía del episodio preguntó: "Padre Pío, UD le ha dado la Misa y le ha hablado, pero entonces, si UD ha estado en cárcel, y lo ha visto" - "Cierto, si le he hablado también lo he visto"... contestó el Padre Pío.

La Madre Esperanza, fundadora de las Criadas del amor Misericordioso, contó de haber visto al Padre Pío, por un año entero, todos los días en Roma. Sabemos muy bien que el Padre no ha estado nunca en Roma, si no una vez para acompañar a la hermana que decidió entrar al monasterio de clausura en el año 1917. Estuvo en bilocación todos los días.

El General Cadorna, después de la derrota de Caporetto cayó en un estado de depresión severa y decidió suicidarse. Una tarde se encerró en su habitación y dìò orden a su ordenanza de no dejar pasar a nadie. Entrado en su habitación, extrajo de un cajón una pistola y mientras se estaba apuntando a la sien oyó una voz que le dijo: "General, ¿no querréis cumplir en absoluto esta tontería"? Aquella voz y la presencia de un Fraile apartaron el General de su propósito, dejándolo petrificado. ¿Pero, como fue que pudo entrar este personaje en su habitación? Pidió explicaciones al ordenanza pero le contestó no haber visto pasar a nadie. Años después, el general, se enteró por la prensa, que un Fraile que vivía sobre el Gargano hacia milagros. Se fuè de incógnito a San Giovanni Rotondo y con gran asombro al fraile capuchino aquella tarde reconoció. “Ha corrido un riesgo enorme aquella tarde, ¿eh general?”, le dijo el Padre Pío.

El Padre Agostino escribió: "puesto que una monja de Florencia me dijo que, después de la comunión, el Padre Pío se le apareció para confortarla y bendecirla, yo quise preguntarle al Padre Pío.

´¿A menudo haces también viajes hasta Florencia? una monja ha dicho esto´.

El padre me contestó humildemente que fue a Florencia en bilocación”.

La última bilocación conocida del Padre Pío fue la tarde anterior al día de su muerte. El Padre Pío fue a saludar a Génova al cofrade Padre Humilde que se accidentó por una caída ocurrida el 29 de agosto de 1968.

Hacia las 16.30 del 22 de septiembre 1968 sor Ludovica va a ver al padre Humilde para llevarle una taza de té. La religiosa siente un fuerte perfume de flores que inunda todo el entorno. Como ella no conoce el origen del perfume, mira al fraile por una explicación.

El Padre Humilde con espontaneidad le dice: "el Padre Pío ha venido a saludarme y me ha dado su último adiós."

Al día siguiente se difunde la noticia de la muerte de Padre Pío.



Emilie Sagée, otro caso de bilocación

Camille Flammarion, en su libro “La mort et son mystère”, relata una historia verdaderamente extraña.

El suceso ocurrió en 1845 en Livonia, a cincuenta y ocho kilómetros de Riga.

En el lugar, existía un colegio de señoritas nobles, conocida por el nombre de “Pensionado de Neuwelcke”, cuyo director, el señor Buch, albergaba en su escuela 42 alumnas, entre las que podría destacarse a la segunda hija del barón de Güldenstubbé, que en esas fechas contaba con trece años de edad.

La persona que nos interesa era una profesora, de nombre Emilie Sagée, de treinta y dos años de edad, nacida en Dijón. Flammarion la describe como bella, inteligente, alegre y de buena educación, cuyo comportamiento en el trabajo satisfacía a los directores del colegio. Pero dejemos que el propio Flammrion nos cuente lo interesante:

“Pocas semanas después de su instalación en el colegio empezaron a correr sobre ella, entre sus discípulas, rumores un tanto extraños. Cuando una decía haberla visto en tal parte del colegio, otra aseguraba haberla encontrado en otra parte, en igual momento, y la conclusión siempre era la misma: “¡Pero si eso no es posible! Si acabo de encontrarme con ella en la escalera, etc., etc.

Creyóse primero en errores, pero como el hecho no cesaba de repetirse, las jóvenes lo comentaban cada vez más. Los profesores contestaban que todo aquello no tenía sentido común, y que no había que concederle la menor importancia.

Pero las cosas no tardaron en complicarse. Emilie Sagée daba un día lección a trece de aquellas jóvenes, entre las que se encontraba la señorita de Güldenstubbé. Para mejor hacerles una demostración, escribió en la pizarra el pasaje que debían explicar, y las discípulas vieron de pronto, presa de terror, dos señoritas Sagée, una junto a la otra: “Eran exactamente iguales y hacían los mismos gestos”. La sola diferencia consistía en que la verdadera señorita Sagée tenía un pedazo de tiza en la mano y escribía en realidad, mientras que su “doble” no lo tenía y se limitaba a imitar los movimientos que hacía la otra para escribir.

La sensación en todo el colegio fue enorme. Tanto más, cuanto “que todas las jóvenes, sin excepción, habían visto la segunda forma “y estaban perfectamente de acuerdo en la descripción que hacían del fenómeno”.

Pero el incidente más notable fue ciertamente el siguiente.

“Un día se encontraban todas las pensionistas, en número de 42, reunidas en una estancia y ocupadas en labores de bordado. Era una gran sala situada en la planta baja, con cuatro grandes ventanales. Las colegialas estaban todas sentadas alrededor de la mesa y podían ver cuanto sucedía en el jardín. Mientras trabajaba veían a la señorita Sagée ocupada en coger flores, no lejos de la casa. Al extremo de la mesa se sentaba una profesora, encargada de guardar el orden, ocupando un sillón de marroquín verde. En un momento determinado, esta profesora se ausentó, y el sillón quedó vacío, pero por poco tiempo, porque las jóvenes vieron de pronto, sentada en él, a la señorita Sagée. Inmediatamente dirigieron las miradas hacia el jardín, y la vieron que seguía cogiendo flores, con la sola diferencia de que sus movimientos eran más lentos y pesados, parecidos a los de una “persona abatida por el sueño” o “agotada por la fatiga”.

Dirigieron de nuevo sus ojos hacia el sillón, donde el “doble” continuaba sentado, silencioso e inmóvil. Como se encontraban habituados a estas extrañas manifestaciones, dos discípulas de las más atrevidas se aproximaron al sillón, y al tocar la aparición “creyeron encontrar una resistencia parecida a la que ofrecía un ligero tejido de muselina o crespón.

Una de ellas hasta se atrevió a colocarse delante del “sillón, y atravesar realmente una parte de la forma”, a pesar de lo cual, ésta duró todavía un poco de tiempo y después se desvaneció gradualmente. Al mismo tiempo se observó que la señorita Sagée continuaba cogiendo flores con su vivacidad natural. “Las 42 colegialas comprobaron el fenómeno de la misma manera”


Flammarion nos dice a continuación, lo que ocurrió en el colegio después de aquello. Parece ser que los padres de las niñas, alarmados ante un suceso tan extraño, retiraron a sus hijas de aquel colegio para internarlas en otros donde la vida fuese más de éste mundo. De las 42 muchachas que se encontraban en el “Pensionado de Neuwelcke” en 1845, quedaron sólo 12, dieciocho meses después. La señorita Sagée, a pesar de haber demostrado buena conducta y una excelente dote para la educación, fue despedida inmediatamente por el director. La señorita Güldenstubbé, hija del barón Güldenstubbé, dijo haber escuchado a la profesora, instantes antes de ser despedida, las siguientes palabras: “¡Dios mío, con ésta son diecinueve las veces que desde los dieciséis años, me veo obligada a abandonar mi colocación!”

“Su cuerpo astral –escribió el investigador Charles Du Pret- fue visto por todo el colegio de señoritas, mientras duró su estancia en aquella institución

Este suceso fue publicado por primera vez en 1849 por Robert Dale Howen, a quien se lo había referido la baronesa Julia Güldenstubbé. Luego apareció en la revista “Light” en 1883 en su página 366, y muchos investigadores psíquicos lo recogieron en sus escritos.

FUENTE: http://www.padrepio.catholicwebservices.com/ESPANOL/Bilocacion.htm

EXTRAÑOS FENOMENOS SOBRENATURALES / de SYLVIE SIMON

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